El secreto que guardamos.
Amiga, quiero contarte por qué escuchas a mucha gente que ha pasado por una tragedia decir que "es lo mejor que le ha pasado en la vida".
Es un
secreto que solamente conocemos algunos, por fortuna. Esto te lo digo de corazón porque el dolor emocional -y a veces físico- que se llega a padecer
no lo querríamos ni para nuestro peor enemigo.
La búsqueda de soluciones.
Cuando yo aterricé en Holanda -¿conoces el cuento?- con mi bebé y su padre como compañero, empezamos una
búsqueda angustiosa de ayuda.
En la
sanidad sueles encontrarte un muro frío, algo así como el Muro en Juego de Tronos. Nadie dice nada, nadie se moja, nadie te dice si tu bebé va a mejorar... sólo "prepárate para lo peor"; que quiere decir que se va a morir. Incluso algunos médicos nos dijeron que hubiera sido mejor
que muriera en mis brazos... "porque la vida que iba a tener no era digna".
Antes de que encendáis las antorchas, deciros que con el
CARNET DE OPINADORA (como dice Principesa de Preslav) en la mano, cuando yo era joven y en veía las noticias algún caso así, también pensaba parecido. Odiadme.
Los seres humanos cuando estamos desconectados de nosotros mismos, huimos del dolor, y hay mucha gente viviendo así. Yo no soy perfecta.
El siguiente lugar donde buscamos ayuda son los
terapeutas. En ellos obtienes acción, pero tampoco se arriesgan a decirte un pronóstico. Os digo que cuando tu hijo está enfermo, lo que quieres es un
pronóstico.
Yo me moría por saber si mi hija andaría, comería o hablaría. A día de hoy no hace nada de eso. Pero hace muchísimas cosas, tantas que no podría enumerar. Lo más importante que hace es
reírse y ponerse contenta. Creedme, eso basta.
La revelación.
Pero voy a continuar para desvelaros ese secreto por el que la gente dice "es lo mejor que me ha pasado".
Cuando pude hablar con
otros padres que también tienen hijos con parálisis te hablan emocionados de cómo les ha cambiado la vida.
A los pocos meses de haber tenido a mi hija, transitando un
puerperio, un
duelo y en
guerra para que mi hija no perdiera ni un minuto de su plasticidad cerebral, yo cortocircuitaba al escucharlo.
Cuando
me quitaron a mi hija de mi regazo para llevársela y reanimarla, entré en shock. Rompí a llorar y recuerdo que me llevaron en la camilla hacia la habitación del hospital. Sola. Fría. Oscura. La recuerdo muy azul.
No dormí, solamente me quedé allí quieta, escuchando murmullos a mi al rededor. Cuando fui a ver a mi hija, yo estaba recién parida y a mí nada de eso me importaba. Y verla allí con cables, quieta y fría por el tratamiento de hibernación... me puso en un lugar distinto al mundo de los vivos. En la frontera con el
Hades.
Intenté cantarle, pero no me salía la voz. En aquel momento, y lo sabe bien
mi amiga Marga, supe que
una parte de mí había muerto. La cuestión es si moriría entera después de saber que mi hija tenía un futuro
incierto.
Al final le canté, no paré de hacerlo. Todavía lo hago.
Y aquí está el secreto, la clave de todo: la resiliencia.
Yo tuve que tomar una decisión que fue crucial para mi vida. O moría en vida, o vivía.
Vivir significó entregarme al duelo así como a la alegría. Reordenar las prioridades en mi vida. Darme cuenta del rumbo que había tomado y a dónde quería llegar.
Buscar un sentido a lo que había pasado para tener un propósito en la vida.
No podía volver atrás, no hay máquinas en el tiempo ni curas para la parálisis.
Arrancarle a mi ego las expectativas depositadas en mi hija y decirle "es lo que hay" y así está bien.
Cuando te pones este cristal en los ojos, la vida se ve de otra manera. Es más plena porque estás contactando con tu forma de ser más auténtica.
Puedes hacer un curso acelerado de madurez.
Al tener tus prioridades ordenados, al valorar la vida tanto porque has estado a punto de perder la de tu hijo y la propia...
Al encontrar tu propósito en la vida, entonces,
la conclusion disparatada y loca es que
"es lo mejor que me ha pasado en la vida".
Lo mejor no significa algo grandioso, ni divertido, ni opulento, ni apetecible, ni agradable. Es lo mejor porque si decides vivir, encuentras tu camino. Tu lugar en el mundo.
Mi propósito es enseñar el camino a otras personas para que sean resilientes y confíen en la vida.
La vida no se tiene que ganar nuestra confianza porque es pura incertidumbre. La confianza la debemos depositar nosotros y estar atentos a lo que de forma natural la vida nos ofrece.
Termino respondiendo a mi pregunta.
Lo mejor que me ha pasado NO es la parálisis de mi hija, sino la forma en la que yo he decidido vivir esta experiencia.
Cuando escuches a alguien decir eso, no lo tomes por loco o loca. Te está resumiendo su proceso de supervivencia.
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