Hazte con el libro

4.7.19

Los límites de la crianza respetuosa: ¿cómo controlarme para no pegar a mi hijo?



Quiero dar las gracias a MamáDibuja por esta magnífica ilustración que destaca que la violencia en ningún caso es educación.

Vivimos en una sociedad donde poco a poco se va afianzando la firme creencia de que la violencia NO es el mejor método para relacionarse con las personas. Estamos en alerta constante con temas tan dolorosos como el #bullying, la #violenciamachista, el #acosolaboral...pero cuando se trata de violencia ejercida hacia los niños y niñas, hay silencio o justificaciones.

"A MÍ ME PEGARON Y NO ME HA PASADO NADA"


Esta es la frase más repetida en redes sociales y conversaciones de sobremesa. Personas inconscientes de que sí les ha pasado algo, y es horrible, han interiorizado la violencia, y eso les hará reprimir sus sentimientos de culpa cuando la ejerzan y la vean.

Tenemos esto claro, ¿verdad?. No se debe usar la violencia sobre los niños y niñas.

Yo voy a poner un PERO en este asunto. ¿Qué les pasa a las madres que a pesar de saber esto, leer, informarse e incluso asistir a talleres sobre crianza respetuosa terminan gritando y pegando a sus hijos e hijas? ¿Son malas madres? ¿Malas personas?

Como dice Alice Miller en su libro "El drama del niño dotado", los adultos que han sido educados con violencia (no hace falta que sean palizas, valen los tirones de pelo, zapatillazos, gritos...) en su adultez dirigen toda esa ira contenida hacia sus propios hijos e hijas, que son vulnerables, no se pueden defender. Y así, continuará la dinámica familiar a menos que se ponga consciencia de ese patrón de relación aprendido y se ponga toda la carne en el asador para salir de ahí.

He escuchado muchas veces a mis clientas contarme que se sienten culpables e impotentes cuando no pueden llevar a cabo las estrategias de un libro de crianza respetuosa que han leío, o que los consejos de la psicóloga del colegio han caído en saco roto.

"¿Cómo controlarme para no pegar a mi hijo?"


¿Cómo romper con esa espiral de violencia intergeneracional?

Las herramientas de la terapia gestalt nos permiten actuar en el presente a través de las emociones que el propio cuerpo expresa y que se gestaron en el pasado. Alguna de mis pacientes describía, al recordar una escena con su madre donde era agredida, cómo sentía que le ardían los brazos, pero al ser una niña se quedaba quieta por miedo a su madre. En la actualidad, se sentía impotente cuando la frustración la llevaba a golpear a sus hijas.

Canalizar esa ira antigua de forma adecuada, cerrar aquellas agresiones que se habían producido mediante el abuso de autoridad y una relación asimétrica donde ellas, de niñas, no tenían ningún poder, forma parte de la sanación.

La crianza respetuosa es el futuro para nuestros hijos, pero una vez más, la experiencia me dice que el trabajo siempre se hace desde nuestro interior hacia el exterior. No valen los consejos si no se acompaña de un trabajo interior de transformación.

Entender la verdad de nuestra historia personal, de aquella niña que fuimos, cerrar las cuentas pendientes, validar el dolor por no haber tenido los padres que esperábamos y tener confianza y compasión por nosotras mismas forma parte del proceso de sanación.

Aceptar nuestro pasado mientras tenemos la certeza de que nuestro presente podemos construirlo como adultas que somos con los recursos que tenemos y así criar a nuestros hijos e hijas de forma respetuosa.

Es un proceso que merece la pena transitar.

#crianzarespetuosa #psicología #patronderelación #violenciaheredada #violenciaNOeseducación

Espero que te haya gustado mi perspectiva. Si crees que necesitas trabajar esto en terapia, puedes pedir cita conmigo. Si no, puedes también seguirme en redes sociales para acompañarme en todas las propuestas que os hago para crecer.

Carola López Moya.
Psicoterapeuta gestalt.
Habilitada para el ejercicio de profesiones sanitarias.
Colegiada nº AN07169
Experta en psicología perinatal.

30.8.17

Yo maltrato, tú maltratas



Hoy voy a hablar del maltrato. Sé que voy a levantar algunas susceptibilidades, pero en esto hay que ser claro. Sin tabúes. 

Esta semana he leído varios tuits donde se mencionaba que "un cachete no es maltrato". 

Siento decirlo, pero sí lo es. 

Otra cosa es que si yo le pego un cachete a mi hija, me sienta culpable y para aliviar la disonancia cognitiva quiera normalizarlo. 

Un cachete es maltrato porque es una agresión física. 

Todos en mayor o menor medida hemos sufrido maltrato. Bien de nuestros padres, hermanos, profesores y compañeros de clase.
 
  • Hace 25 años en la escuela el profesor te tiraba de las orejas. 
  • Hace 25 años las madres te daban con la zapatilla. 
  • Hace 25 años los hermanos se pegaban. Hoy también pasa.
  • Hace 25 años los compañeros te esperaban a la salida para pegarte. Hoy también. 

Tenemos tan normalizado el maltrato que ocurre en los hogares, con la violencia doméstica y la violencia de género. 

Ocurre en las escuelas con el bullying. 

Ocurre en los trabajos con el mobing. 

Ocurre en los hospitales con la violencia obstétrica. 

No voy a hacer distinción entre maltrato físico y psicológico. Ambos duelen. Hacen daño  a la persona que lo sufre, y también a quien lo ejerce. 

Lo más doloroso de esto es reconocernos como maltratadores. 

Desde dar un cachete hasta humillar nos alinea con el papel de maltratador/a. 

Es esto lo que tenemos que trabajar, no entrar en el discurso de que "un cachete al año no hace daño" , o que "una burla no es para tanto" . 

Esto es normalizar la violencia física y verbal. Es algo que no quiero para mí. 

No me preocupa cuando alguien admite que le ha dado un cachete a su hijo, lo hace desde la conciencia de que eso no es beneficioso para nadie. 

Me preocupa quien dice que él nunca ha maltratado, porque no está viendo todo su ser completo, está renegando la parte oscura y por tanto vive en la inconsciencia. 

No tendrá oportunidad de crecer. 
El maltrato es inaceptable. Cuando ejercemos el maltrato sobre alguien estamos haciendo algo inaceptable. Lo doloroso es admitir esto. Lo inaceptable es normalizar la violencia por no tener la valentía de admitir que a veces ejercemos violencia. 

Rompamos la espiral de violencia reeducándonos. Es la oportunidad que nos dan nuestros hijos. 

Y es lo mejor que podemos hacer por ellos. 

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20.6.16

¿Para qué castigas a tus hijos?



Me gusta cuestionarme las cosas, es algo natural en mí. Nuestro sistema educativo ha cambiado muy poco desde hace 30 años. A los niños y niñas se les anima incansablemente a "portarse bien" y se les humilla con una cruz roja en el cuaderno cuando se equivocan.

Se les castiga cuando cometen errores y hacen daño a los demás. ¿Creeís que hay otra alternativa? Yo sí.

"Mi hijo se ha portado mal"


¿Qué es "mal"?¿Te lo has preguntado alguna vez? A veces comportarse mal es levantarse de la silla, o reirse a carcajadas... no son malos comportamientos, sino inadecuados para ese momento. Nuestros niños nacen libres, y nosotros poco a poco los amoldamos a lo que la sociedad espera de ellos. Leído así suena bastante triste, ¿no es cierto?.

Quizá lo primero que debemos plantearnos es el modelo de escuela que queremos. No seré la primera que reflexiona sobre esto y piensa que quizá mantener pegados a la silla a los niños durante horas sea contraproducente... pero si no queremos enfrentarnos al sistema... ¿qué hacemos?

¿Castigar o educar?


Imagina que estás en clase y antes de finalizar, un alumno tira una bola de papel al otro. El maestro castiga al primero sin recreo. Esto es bastante común. ¿Creéis que ese alumno que ha tirado la bola de papel aprenderá algo? No. Su mecanismo será echar la culpa al otro, al maestro... pero no aprenderá nada.

La intervención educativa. 


Identificar el daño o aquello en lo que vamos a intervenir. 


Muchas veces ni los profesores son conscientes de esto en las aulas; no saben que ellos están siendo agredidos o el grupo está siendo agredido. Las mofas, interrupciones, lo que llamamos "faltas de respeto" son agresiones al grupo que tienen como fin perturbar la paz del grupo.

En el ejemplo que he puesto, quizá en unos minutos se podría identificar esta agresión. Quizá preguntarle al que ha recibido la agresión cómo se ha sentido, preguntar al que ha agredido qué pretendía... preguntar cómo se podría reparar el daño y dar la posibilidad para que se vuelva a restablecer la tranquilidad en el grupo.

Pedir disculpas, aceptarlas o no...


Dar la oportunidad de pedir disculpas y el espaci para que se acepten o no. Para esto, el profesor tiene que saber cuándo se está recibiendo una agresión, y creedme, muchas personas no saben que están siendo agredidas. Van con una sonrisa por la vida, con un pellizco en la boca del estómago que no entienden.

Castigar es fácil. Educar conlleva un acto de consciencia para el que hay que explorar un poquito en nuestro interior.

Identificar aquello en lo que queremos hacer una intervención educativa es un paso previo. Después invitar a los alumnos y alumnas que puedan pedir disculpas, y que el otro pueda pedir cómo reparar el daño de una forma justa. También facilitar la experiencia del enfado, quizá no se acepten inmediatamente las disculpas del otro...

Castigar aleja de la experiencia natural de error-responsabilidad-reparación. Al fin y al cabo, todos podemos hacer daño. 


¡Feliz día!

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23.5.16

¿Para qué tienes hijos?

 

¿Qué es un hijo? ¿Para qué viene al mundo? 


Son dos preguntas, que si las aclaras, te facilitará la crianza. Los progenitores solemos enredar mucho las cosas.

¿Para qué tienes un hijo?


Pues hay gente que tiene los hijos porque toca. Además lo hacen en riguroso orden establecido. Otros lo hacen por presiones familiares. "¿Cuándo me vas a hacer abuela/o?". Hay otros que lo hacen con la fantasía de tener hijos con profesiones importantes, desde deportistas de élite hasta científicos. Hay otras personas que tienen hijos para que los cuiden cuando sean mayores...

Pues todas esta gente al final, se verán angustiados porque "sus hijos no son lo que esperaban" y el conflicto familiar está servido. Esto se acentúa en la adolescencia y tiene consecuencias vitales en la adultez como ansiedad, sensación de fracaso, duda existencial...

Un hijo no viene para cumplir sus expectativas. 


En el momento en que el bebé se está gestando, tiene su propio camino en la vida. Si nos empeñamos a que tenga un destino concreto, podemos estar seguros de que hay una alta probabilidad de ser infelices, ellos y nosotros.

Si tú sueñas con que tu hijo sea médico o abogado, futbolista o tenista... el sueño es tuyo, no de tu hijo. Si piensas que podrás inculcarle las ideas, claro que te hará caso, por lealtad, pero estará viviendo una vida hipotecada.

Un hijo no es una parte de ti. 


No es tuyo. No pretendas con esta posesión indicarle sus pasos, a dónde tiene que ir ni qué hacer. No es tu posesión ni un miembro de tu cuerpo.

Algunas mamás tenemos esta fantasía. Pero eso dificulta la crianza, puesto que entorpece que podamos apoyarles en su exploración de la vida hacia la independencia. De eso se trata, siempre respetando sus tiempos.

El bebé nace dependiente y progresivamente lo ayudamos a ser independiente. No pretendas que con 8 años sea un adulto en miniatura.

Un hijo no viene para calcar tus pasos. 


Nosotros tenemos una creencia concreta de cómo tiene que ser la educación y a qué nos debemos dedicar. Básicamente la angustia de los progenitores viene cuando el niño no va bien en el cole y lo relacionamos directamente con su futuro.

Mi postura con esto, y no estoy sola, ¡menos mal! -escritores como Borja Vilaseca y las escuelas humanistas tienen esta idea- es que la "educación" actual está obsoleta. Es más bien adoctrinamiento para seguir con un estilo económico y social obsoleto basado en la producción.

El futuro es la creatividad y el conocimiento. Por eso, no cortes la creatividad de tu hijo por muy absurda que te parezca.

Si tiene un talento, enseñale a amarlo, a potenciarlo y cultivarlo. La gratificación económica llegará cuando lo haga con el corazón. 

Te lo digo por experiencia propia. Con ocho años mis padres; siempre haciendo lo mejor para mí, bajo su criterio y con la información que tenían, llenaban mis tardes con actividades: clases en el conservatorio de solfeo, piano, canto coral; clases de inglés, clases de mecanografía...

Aunque no había muchos deberes, ellos lo compensaban para que tuviera muchas cualidades. Al final, mi creatividad se fue oxidando hasta que decidí entregarme a ella y recuperarla.

¿Me he equivocado? ¿qué hago?


Si te llegas a replantear esta dinámica en alguna medida, siempre se puede optar por otro camino. Sin culpas ni desesperación. Tú eres el progenitor perfecto para tu hijo o hija. Haces lo que puedes con las herramientas que tienes.

Conviértete en observador sin juicio. 

Mira a tu hijo, observa lo que le gusta hacer, con qué disfruta y en qué pone su energía. Confía en él, tu hijo sabe lo que quiere porque a las edades tempranas la intuición es natural.

Acompáñalo en sus proyectos orientados a la vida, aunque a ti te parezcan una locura. Deja que se equivoque, no para reprochárselo con un "te lo dije" sino para ver cuales son sus fortalezas y sus debilidades, y cómo podría convertirlas en fortalezas si así lo desea. Déjalo que cierre capítulos aunque sea sin terminar, como muestra de que la vida no es un camino recto, sino que está lleno de recovecos y que es precisamente eso lo que es la vida.

Mira a tu hijo como una persona libre que ha venido al mundo a servir al bien común, no a ti ni al clan familiar. 

Quizá muchas de estas ideas te perturben, pero si te aportan algo nuevo, me quedo satisfecha, y si ya me dejas un comentario, estaré muy contenta.

Muchas gracias por leerme.


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16.5.16

Cuando el miedo me abruma



Hoy os hablo del miedo. Yo tengo miedo, es normal, es una emoción que nos protege de los peligros. Pero a veces, se dispara y me abruma. Os voy a contar algo que me ha pasado a mí estos días y seguro que a muchas os ha pasado, si no así, algo parecido.

Cuando el miedo me abruma. 


Os pongo en antecedentes. Mi pareja y yo hemos decidido casarnos, hasta ahí todo bien, sólo tengo un estrés soportable a la ceremonia que tiene origen en mi perfeccionismo y exigencia, pero que como ya me conozco, pues sé manejarlo. Pero no es esto de lo que os quiero hablar hoy.

Nuestra familia nos ha regalado el viaje de novios, así que hemos decidido viajar a la Riviera Maya. ¡Me hace tanta ilusión sentarme a tomar un cóctel bajo un cocotero! Pero de repente, mis sueños se vieron truncados por el miedo.

El virus zika y el embarazo. 


Como sabréis, porque la televisión no deja de hablar de esto, el virus zika está pululando por las zonas cálidas del planeta, no es mortal, pero lo malo de este virus son las consecuencias en las mujeres embarazadas, que pueden causar microcefalias en los bebés.

No, no estoy embarazada. Pero hemos decidido buscar un herman@ para Alicia ya mismo. El miedo viene ahora:

La nueva información sobre el virus dice que además de la picadura del mosquito, se contagia por transmisión sexual. Es decir, si pica al hombre, el virus reside en él durante ¡¡meses!!

Así que en mí se encencieron todas las alarmas. La cadena de pensamientos fue: voy a ir, va a picar a mi pareja, y si me quedo embarazada próximamente me voy a contagiar y voy a tener un bebé con microcefalia. ¡¡¿¿Una locura, no??!!

Pues os cuento que no soy la única, empecé a buscar en internet y en foros y hay gente que ha cancelado sus viajes. Parejas que van a retrasar la búsqueda de bebé, parejas que se harán pruebas médicas a su vuelta... incluso yo pensé en todo esto.

Revisando mi neurosis. 


Afortunadamente, como cada vez me conozco mejor, gracias al autoconocimiento, la terapia individual y grupal, en un rato empecé a darme cuenta de que me estaba controlando el miedo. Me estaba invadiendo hasta tal pundo de pensar en perderme un regalo hecho con amor.

Vamos a los números. 


Lo primero que hice fue ver cuántos casos se han detectado en México este año. Unos 200 casos. Me pregunté, ¿cuál es la población del país? 122 millones de personas aproximadamente. ¡¡Eso es 1 caso cada 610.000 personas!!

¿Estoy minimizando el riesgo?


No. De hecho, por mi experiencia, no puedo decir que "a mí no me pasará" porque ya contacté con el riesgo cuando mi hija sufrió un episodio aparentemente letal durante el piel con piel y no recibió la atención adecuada.

Estoy relativizando el riesgo. ¿Esto que quiere decir? Quiero decir que el riesgo no está en ir de viaje, sino en la mera existencia.

En España murieron en 2015, 1126 personas en accidentes de tráfico. Eso es aproximadamente 1 de cada 40.000 habitantes que tiene España. Sin embargo, sigo cogiendo el coche todos los días, hago mi vida y ni siquiera me planteo no coger el coche ni venderlo.

¿Por qué me he asustado con el virus zika?


Mi experiencia previa tiene una gran importancia: mi miedo a no tener un bebé sano, porque sé que pueden ocurrir estas cosas. Sin embargo, hay otro centenar de factores que yo no puedo controlar que pueden hacer que vuelva a tener un bebé con problemas.

Los medios de comunicación también tienen que ver. Por algún motivo que desconozco están poniendo el foco en esto e infundiendo miedo en la población. ¿Por qué no dicen nada de la correlación de la inseminación artificial y los bebés prematuros? La prematuridad tiene una alta tasa de parálisis cerebral, por ejemplo. Y las parejas siguen haciéndolo y asumiendo riesgos y teniendo bebés deseados.

¿Te ha pasado alguna vez que has cambiado tus planes por miedo?


Esto que me ha pasado a mí no es exclusivo en mí. Nos ocurre frecuentemente que nos dejamos llevar por el miedo y no hacemos aquello que queremos. 

Finalmente he decidido aceptar mi regalo, seguir con la vida. Evidentemente seremos precavidos y haremos caso de las indicaciones llevando antimosquitos especiales y protegiendo la piel con ropa apropiada.

Es lo que yo puedo hacer, lo demás, es incontrolable e impredecible.

PsiConsejos

No criminalices el miedo. Es una emoción que nos protege y nos defiende.

Discrimina del riesgo real del imaginado. No todos los sucesos tienen la misma probabilidad, es una realidad.

Entrégate a la vida con ecuanimidad. No estamos libres de sufrir algún percance en nuestra vida, pero eso no quiere decir que debas encerrarte en una habitación y tirar la llave. Evalúa los riesgos en la medida de lo posible y lánzate a por tus sueños.

¿Te ha pasado alguna vez que has renunciado a un proyecto por miedo? ¡Deja un comentario y me lo cuentas!

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2.5.16

Haz lo que te gusta, rodéate de lo que te gusta



Siempre he sido un desastre organizando cosas. Cuando vivía con mi madre, mi cuarto era una "leonera" y ella no dejaba de insistir en que lo ordenara. Era para nada, después de ordenarlo, a las pocas horas, ya estaba otra vez desordenado.

Así que poco a poco fui asumiendo que yo era un desastre y que jamás habría orden en mi entorno, a menos que me esforzara muchísimo para después el torbellino arrasara todo de nuevo.

Las cosas no ocurren por casualidad, yo creo que si estás atenta, la vida te trae lo que necesitas. Hace unas semanas, una amiga mía me habló de un libro que a ella le gustó mucho y que cambió su idea de orden: La magia del orden, de Marie Kondo.

¿Existe algo que añadir al tema del orden?


Eso fue lo primero que pensé. ¿Se puede escribir un libro sobre ordenar la casa? ¿Pero eso cómo va a ser?

No solamente lo ha escrito, sino que esta mujer ha vendido muchos libros y gana dinero con ello. Vamos, una idea brillante. Un ejemplo de cómo algo que te gusta en tu vida, o algo que tú ya eres, si lo lanzas al mundo, puede venir de vuelta con una gratificación económica.

¿Merece la pena el libro?


Cuando llegué a casa miré en San Amazon, y ahí estaba. No era muy caro, pero realmente, ¿qué me iba a mí a contar un libro sobre cómo ordenar la casa? Me lo pensé dos veces... Así que no lo compré.

Me olvidé de él.

Unas semanas más tarde, vuelve otra vez a aparecer el libro en mi vida. Leyendo los comentarios de algunas mamás tuiteras, una de ellas comentaba que el libro era estupendo. Que aunque ponía algunas cosas "raras" que le había gustado.

Ya no ignoro este tipo de cosas. Dos veces aparece el libro en pocas semanas... así que bueno, lo añadí a mi colección.

El aquí y el ahora de los objetos. 


Lo más sorprendente de este libro, es que aunque no lo ponga en la descripción ni nadie hable de esto, hay una conexión con la corriente gestalt bastante importante.

En mi formación he aprendido que cada relación personal tiene su motivo, e incluso si una relación no puede ser, es que no tiene remedio. Le agradecemos que haya estado en nuestra vida y nos despedidos.

Marie habla de centrarsen en el aquí y ahora de los objetos. Un recuerdo de una boda, dio servicio a una emoción. Tenerlo guardado en el fondo de un armario no sirve para nada. Es más, genera sentimiento de culpa si no se usa o está abandonado.

Esta filosofía es la que Marie Kondo aplica en su método. ¡Nunca había visto este nuevo enfoque aplicado a los objetos!

De pronto, muchas cosas tuvieron sentido. Ella propone que en vez de ordenar sin más, te quedes primero con aquellas cosas que realmente te hacen feliz. Tiene mucho sentido. Igual que he aprendido a hacer las cosas que me gustan, rodearse de lo que nos hace felices, es un valor añadido a nuestra búsqueda de la felicidad.

Incluso habla de esa ropa que compramos y que está colgada en el armario sin usar. ¿Desecharla? Sí, el dinero que gastamos sirvió para pagar la emoción del momento. Agradezcámoslo. 

¡Hay muchas cosas en casa que no nos gustan!


Mira alrededor. Yo tenía unas cuantas cosas. Una vela que nunca enciendo medio escondida porque no hace juego con los muebles, un adorno de cerámica que me trae mal recuerdo, etc. En la alacena, algunos tapper sin tapa y que "me caen mal"...

Cada vez que vemos esos objetos, nos ponemos de mal humor, aunque lo ignoremos, y nuestro hogar empieza a no ser un lugar en el que estamos agusto. 

Esto es muy importante. Cuando algo no nos gusta y es imposible cambiar, debemos abandonar. Pelear por mantener el vínculo nos desgasta.

Los caracteres y los objetos. 


Una de las cosas que menciona Marie, aunque no profundiza mucho, es que lo que almacenamos en casa dice mucho de nosotros. 

Las personas de carácter avaricioso, que acumulan muchas cosas "por si algún día les hace falta" viven con ansiedad de cara a un futuro incierto. No quieren afrontar el dolor que les supondría salir de su zona de confort y probarse sin recursos.

Las que viven en el pasado han anclado en el objeto la relación con la otra persona, como un hechizo. Tirar el objeto es tirar la relación.

Las personas acumulamos cosas en función de nuestro estilo de apego. Por ansiedad o por melancolía. 

También soportamos objetos que no nos gustan y es una agresión de la que no somos conscientes. Como soportamos una pareja que no nos ama o un trabamo que nos enferma. ¿Te está pasando esto?

Creo que si el movimiento lo empezamos en nuestra casa, con nuestros objetos, nos va a ayudar a mover el resto de cosas de nuestra vida.

Debilidades del libro "La magia del orden"


Lo primero, que ella dice que hay que hacerlo del tirón. Eso puede significar tener dos o tres días de vacaciones para hacerlo. Sería como hacer una mudanza.  Dice que hacerlo poco a poco no es tan efectivo.

Segundo, desechar las cosas y tirarlas a la basura, no es ecológico. Yo creo que sería mejor donarlas o venderlas, porque el mundo no soportaría eso. Como punto positivo a esto, cuando empiezas a mirar con estos ojos a los objetos, el impulso de comprar es más comedido.

Fortalezas  del libro "La magia del orden"


Bueno, quiero terminar con las fortalezas. ¿Por qué debes leer este libro? (ojo, que yo no lo vendo ni gano comisión por esto, pero me ha encantado y quiero compartir mi entusiasmo contigo)

- Ofrece un nuevo enfoque sobre el orden en la casa que se basa en deshacerte de lo que te hace infeliz.

- Nos da una visión de cómo es la relación que tenemos con los objetos e incluso lo relaciona con algunos tipos de carácter. Esto es muy interesante.

- Nos ayuda a desapegarnos de los objetos y poder vivir libres de lastres.

- Nos libera de la culpa. La relación con nuestros seres queridos no se deposita en los objetos que nos regalan, por ejemplo.

A continuación, en mi vídeo, os voy a mostrar cómo sería el proceso de deshacerte de algunas cosas de casa. ¿Te animas? ¿Abrirías el peor cajón de tu casa en público?





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25.4.16

Yo no soy perfecta



No, no lo soy. Y no son palabras vacías. ¿Has reflexionado alguna vez sobre el ideal de perfección  que nos obligan a alcanzar? No nos enseñan a equivocarnos si no que alientan la falacia de la perfección. 

¿Me acompañas en la reflexión? Abajo también hay un vídeo donde profundizo en algunas ideas. 

Tú tampoco eres perfecta, me gustas así. 


Cuando vamos al colegio todo está orientado a alcanzar la excelencia, la perfección, y nos crean una ilusión, una expectativa imposible de cumplir. Gastamos mucha energía intentándolo.

El método es el siguiente: enseñan a los niños una lección, hacen un "control" (¿os acordáis de este eufemismo de exámen?) y pretenden que el niño saque un 10. Es decir, 0 errores. 0 aprendizaje.

Los exámenes salpicados de tinta roja eran motivo de vergüenza y bajaban la autoestima...

Pero te acostumbras, tienes tiempo a hacerlo desde los 6 años hasta los 16. 10 años creyéndote que puedes aspirar a la excelencia.

Después la universidad, quien la cursa, tres cuartos de lo mismo. Calificaciones y evaluaciones orientadas a la competitvidad. Sales creyéndote "un profesional".

Recuerdo que al terminar la carrera me sentía muy insegura, como pez fuera del agua. Una parte de mí se había creído que tenía todo bajo control. Otra parte de mí sabía que era una ilusión.

Ama tus errores. 


Yo he tardado años en darme cuenta, y no lo hubiera hecho si no hubiera tenido un contexto donde me hubieran invitado a reflexionar sobre esto, en la escuela de terapia gestalt Kayrós.

Errar es imprescindible para aprender. Errar es vivir. No hay nada vergonzoso en equivocarse. Si yo me equivoco, no pasa nada si los demás se equivocan. Si los demás lo hacen, trátate con compasión cuando tú lo hagas.

Equivocarse es divertido. Abre una puerta al aprendizaje. Quien todo lo sabe se aburre. Quien cree que todo lo sabe, no tiene curiosidad.

Aceptar el error es un azote a tu ego. 


Seguramente ahora que lees esto no hay ninguna emoción. Sólo cuando vives la experiencia y observas tu cuerpo, sin juzgarlo, podrás prestar atención a lo que te cuento.

Cuando me equivoco, siento una vibración corporal si alguien lo hace evidente. Si siento vergüenza, a veces también siento que se me empañan los ojos. La necesidad irrefrenable de defender mi postura... ¿no te ha pasado nunca?

Cuanto antes asumas que equivocarse es maravilloso, antes podrás aliviarte y no caer en la trampa del ego. El ego es la máscara que mostramos al mundo. Es un yo falso y mostramos lo que "debemos ser" o "quienes esperan los otros que seamos".

El ego es como nuestra tarjeta de visita. Tú no eres tu tarjeta de visita. ¿Verdad?

La próxima vez que te equivoques míralo como una oportunidad para aprender. No escondas tu debilidad, ya que esta sólo es un aspecto de ti que está pendiente de fortalecer. Oye, no te digo que la tengas que fortalecer sí o sí. A lo mejor no merece la pena esforzarse.

¿Me merece la pena entrenarme para ser bailarina profesional si no sé bailar pero no me apasiona? No.

No te avergüences de tus errores. 


La vergüenza es una emoción que nos invita a escondernos. Queremos ocultar algo a los demás y sentimos vergüenza. Este algo puede producirnos dolor, o nos imaginamos que nos lo va a producir.

El antídoto de la vergüenza es el arrojo. Tirarse a la piscina y ver qué pasa. Yo a veces me pregunto ¿qué es lo peor que me puede pasar si hago esto? Si resulta que lo peor es que alguien se pegue unas buenas carcajadas, pues oye... si a mi me complace hacerlo, pues lo hago. Y ya está.

Exponte al descrédito. 


Detrás del miedo a equivocarnos está el miedo al descrédito. Tenemos una reputación, una imagen que nuestro ego ha puesto entre nosotros y el mundo.

¿Cuántas cosas no estas haciendo por el riesgo de desacreditarte? 

Una de las cosas que aprendí en mi formación es que los psicólogos debemos aceptar estar expuestos al descrédito. ¡El 100% de los clientes no hablarán bien de ti! Como la vida misma, volvemos a caer en la trampa del ideal de perfección.

Recuerda, estás bien siendo imperfecta. Y ya está. 

 

También puedes ver el vídeo donde profundizo más en esta reflexión. 

 

 


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18.4.16

Sé heroína de tu propia vida



¿Sabes cuál es tu propósito en la vida? Quizá te pueda dar otra perspectiva de esto. Hay quien dice que la vida no tiene sentido. Yo no estoy de acuerdo y te voy a contar por qué.

Este fin de semana he estado en Madrid disfrutando de un regalo de reyes. Este año me había propuesto no pedir cosas materiales, sino experiencias, y es lo mejor que he hecho.

Una de estas experiencias era el musical de El Rey León, una actuación tan vibrante, tan emocionante que me ha tocado con mi propia historia, con la historia de cada uno de nosotros, que desde que nacemos, recorremos el camino del héroe. Heroína, tú que me lees.

¿Qué es la historia del héroe? 


En nuestra civilización, es frecuente que los mitos, novelas y en general las leyendas se basen en las historias de héroes y heroínas. Sirven para enseñar y transmitir valores. En la actulidad, el cine y el teatro siguen haciendo esto mimo.

Esta bonita teoría la aprendí hace un par de años en un taller de Paco Peñarrubia que se llama "Las cuatro caras del héroe", donde experimentas cómo es tu propio camino. 

La historia de El Rey León es una historia del héroe.

¿Hay un patrón en la historia del héroe?


Aunque hay muchas historias, casi todas coinciden en una cosa: una tragedia. Y en la vida de cada una de las personas, en todas, hay momentos muy trágicos.

Si sigues mi blog (si no, te invito a hacerlo) sabrás que mi vida fue salpicada por la tragedia cuando nació mi hija.

Es en este momento cuando el héroe empieza la parte más difícil. Aprende a confiar en sí mismo y se llena de sabiduría. Yo lo llamo intuición. Hay un intervalo de tiempo en el que está perdido, todo lo ve oscuro e incluso se aparta del camino.

¿Cuál es el final del héroe?


Viva o muera, siempre hay un aprendizaje al final de la historia. Un darse cuenta que le deja en paz consigo mismo porque resuelve lo que tiene pendiente.

¿Sabías que dejar cosas pendientes es lo que hace que nuestra mochila se llene de culpa y malestar? 

Uno de los aprendizajes que puedo sacar de mi propia historia del héroe es que debemos buscar un propósito en la vida. 

Cuando escucho a alguien, apesadumbrado, decir que "la vida no tiene sentido" me lleno de compasión, porque todavía no se ha aventurado a buscar su piedra filosofal. La que sea en ese momento. La vida no tiene por qué tener sentido porque es un accidente que ocurra.

Estamos en este universo por pura casualidad. Eso no quiere decir que la vida no tenga valor porque, ya que estamos, ya que han tenido que ocurrir tantas cosas para que seamos seres conscientes, podemos darle nosotros un sentido a nuestra vida. El valor se lo damos nosotras.

¿Qué sentido le puedo dar yo a mi vida?


Desde luego el más gratificante, y el que hará que esta humanidad prospere es orientarse a lo que sabemos hacer mejor y que sirva para el bien común. 

Yo me he dado cuenta que mi experiencia, tan dura, sirve a los demás. Me emociono cuando amigas y conocidas me dicen que me admiran. Y se cierra el círculo, porque sin la red de apoyo no podría haber salido para adelante.

Cuando se expresan así me dicen "yo no habría sido capaz", sin embargo, la vida tiene tantas tragedias, que la mayoría de nosotros sí somos capaces. 

Mi propósito personal es orientar a otras personas hacia su proceso de resiliencia. Todo el mundo debe saber que este proceso tiene unos ingredientes básicos: solidaridad, amor y buen trato.


Si quieres, iremos poco a poco transitando por ese camino. ¿Me acompañas?




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28.3.16

¿Quién es cómplice silencioso del bullying?



El bullying es el acoso escolar. Es una situación donde un alumno somete a otro a una situación vejatoria sostenida en el tiempo lo suficiente como para causar perturbación emocional, física y social a la "víctima".

Entrecomillo "víctima" porque con esta definición estamos poniendo el foco en el que recibe el acoso: el acosado.

Sin embargo, intuyo que hay una parte más poderosa para acabar con el bullying, y es el cómplice silencioso.

Pero, ¿quién es cómplice silencioso del bullying?


Estos cómplices son el resto de compañeros y docentes del centro. Son los padres del acosador y también el resto de padres que están en disposición de ver.

Seguramente ahora mismo estés incómoda con esto que te estoy contando. Pero es así.

Si miramos para otro lado mientras se comete una injusticia, somos cómplices.

¿Qué podemos hacer para frenar el bullying?


Desde mi punto de vista, el cómplice silencioso tiene una forma de romper la relación abusiva entre el acosador y el acosado, y es denunciando lo que está pasando justo cuando está pasando.

Para eso debemos ser conscientes de qué es una agresión.

La agresión no es sólo física. Las palabras también agreden, los gestos y el tono pueden ser más dolorosos que una bofetada. 

Los adultos debemos estar conectados emocionalmente para poder trabajar con los niños y adolescentes. Si no lo estamos, no podemos ayudarles con el ejemplo. No podemos detectar la agresión y no podemos ponerla en evidencia.

¿Sería descabellado parar una clase para preguntar al acosador en privado, para qué ha hecho tal cosa?

Lo más seguro es que el acosador esté haciendo pasar al acosado por la misma penuria que él ha pasado o está pasando. Quizá no tiene otra forma de gestionar la envidia, el enfado o la depresión.

Si pudiéramos destinar una hora de clase a la semana a educación emocional ahorraríamos muchos conflictos. 

Todos agredimos, la cuestión es ser conscientes de cuándo lo hacemos, para qué lo hacemos y si es posible reparar el daño.

La ira nos desconecta del dolor. Hay muchos niños y adolescentes pasando por malos momentos y se expresan tiranizando a otros.

Los adultos somos un ejemplo para ellos y solemos criticar a los vecinos, contestar mal a nuestras parejas, mofarnos de la autoridad, juzgar al diferente... Inconscientemente, estamos validando las mismas conductas que después condenamos. Tenemos mucho sobre lo que reflexionar.

Sólo el autoconocimiento nos acercará a vivir con conciencia, ésta es el ingrediente básico para saber qué es exactamente lo qué estamos haciendo.

Bullying y resilencia. 


Quiero aportar algunos datos que son esperanzadores, y es que el 80% de las personas que han sufrido un trauma en su vida llegan a ser adultos orientados a un futuro con bienestar psicosocial.

Si estamos atentos a nuestros jóvenes podemos ayudarles. Los niños asumen bien las terapias y los adolescentes tienen una herramienta muy poderosa en la terapia de grupo.

Lo que sí me preocupa es que la sociedad tiene arraigado que los psicólogos solo tratamos gente loca (sin entrar a valorar este juicio sobre las personas con enfermedad mental), como la de las películas o algo así. No es cierto. Cualquiera que haya sufrido en su vida va a encontrar ayuda en un terapeuta que le trate con amor y respeto. 

La resiliencia es una cualidad que nace de la relación amorosa y solidaria con otras personas.

¿Dejamos de victimizar al acosado?
¿Nos atrevemos a dejar de ser cómplices?
¿Reeducamos al acosador?

Todos tenemos la oportunidad de coger el camino hacia una vida pacífica y llena de bienestar.

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7.3.16

¿Qué es el amor?

 

¿Qué es el amor? 


El AMOR es un sentimiento que nace desde lo más profundo de nuestro ser y que se transforma en cuidado, afecto y respeto.

Es un estado de bienestar que conduce al sosiego y a la alegría de uno mismo. El el arma más poderosa para fomentar la resiliencia, sin el amor, no se pueden contruir personas resilientes.

¿Cómo funciona el amor?


Deja atrás todo lo que sabes del amor, de lo que has visto en las películas o en los cuentos. El amor, como te he dicho, nace de ti, de tu esencia, por lo tanto, la primera manifestación de amor debe ser hacia ti mismo. 

El cuidado, afecto y respeto debes primero dártelo a ti. Imagina que tienes dentro una partícula de amor, para que llegue al exterior, debe atraversarte, debe pasar primero por ti.

Si das "amor" sin recibirlo tú primero, probablemente será un amor ciego, donde pagarás un precio bastante alto por darlo.


Es que yo hago mucho por los demás pero después yo no recibo nada. Es un reproche.

Si el respeto, afecto y cuidado lo das a los demás y te olvidas de ti, probablemente estés buscando algo que no es el amor: aprobación, quedar bien y/o por encima de los demás...

Pregúntate: ¿para qué te preocupas de los otros si no lo haces por ti? 

¿Cómo saber que he olvidado amarme?



Si es tu caso, revisa tus creencias sobre esto. He encontrado personas que me han dicho ¿eso no es ser egoísta? No, no lo es.

Cuando nuestros padres o tutores nos inculcan que estemos al servicio de los demás, no nos avisan de que hay que poner límites y de que también nos debemos preocupar por nostros.

  • Respétate en tus decisiones y no dejes que los demás, con sus juicios negativos, te inciten a pararte en tu vida. 

  • Ten afecto por ti. No te maltrates cuando te mires al espejo. Si te ayuda, imagina que junto a ti hay una niña de 5 años. ¿Le dirías esas cosas a una niña de 5 años? No, ¿verdad? Entonces ¿qué quieres conseguir diciéndote lo mal que te queda esa ropa? ¿o si eres torpe? ¿o si estas gorda o delgada? 

Es insostenible vivir con regañinas todo el día. Una niña de 5 años no lo soportaría. ¿Por qué lo vas a tener que soportar tú? Aunque seas adulta... te mereces un buen trato.

  • Cuídate. Date aquello que necesitas de verdad, desde lo corporal a lo emocional. Que no pasen las semanas sin haber hecho algo que te guste. La vida adulta nos mete en una rutina y nos ponemos en automático. Llegamos al final del día cansados y no nos permitimos un minuto para respirar. 

No te voy a decir yo lo que te gusta, piensa, recuerda lo que te gusta y mira a ver si lo puedes hacer ahora.

Amor y resiliencia. 


El amor es la herramienta básica para una vida resiliente. Cuando vivimos un duro golpe necesitamos alguien que nos ame, no en el sentido romántico de la palabra, sino en el más humano.

Busca una persona o un espacio que te de apoyo y comprensión, respeto y cuidado, afecto y cariño. Si tú has olvidado amarte, con su coherencia y ejemplo lo volverás a hacer. Y entonces, aunque la resiliencia no repare todo el daño de un trauma, tendrás un motor que te pondrá en marcha para tener el futuro en tus manos.

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29.2.16

Las palabras también curan

 

LAS PALABRAS DUELEN, PERO TAMBIÉN CURAN. 

 

Nos dicen muchas veces que las palabras duelen, pero hoy, leyendo el libro sobre terapia infantil gestáltica de Loretta Cornejo, esta pequeña frase me ha inspirado esta entrada.

¿Os habéis percatado de la de cosas que decimos al día sin pensar el efecto que causa en el otro?

¿QUÉ EFECTO TIENEN EN LOS NIÑOS?


¿Y del daño que pueden hacer a los niños si estas palabras son crueles? La crueldad puede ser más o menos sutil.

No hace falta irse a familias desestructuradas para encontrar palabras ausentes de amor y respeto. Te puedes sentar en un parque y escuchar a madres -y padres- refiriéndose a sus hijos de malos modos porque estos no comen, no duermen o no se están quietos.

"Este niño es tonto",  el desprecio con el que lo dices es lo que daña a tu hijo. Decirle a tu hijo que "tu padre -o madre- no te quiere" porque hubo una separación, sin entrar en el juicio de lo que os pasó, es minar la seguridad de los pequeños.

Son agresiones que van rompiendo por dentro a tu hijo. Las palabras pueden convertirse en maltrato.

Un día te encontrarás con que no te habla apenas, con que te desafía, llora constantemente, tiene berrinches, y no sabes cómo llegar al que una vez fue tu pequeño bebé que sostenías en tu seno.

Nos falta amor en el día a día y respeto; mucho respeto por el otro.

Respeto es escuchar lo que necesita tu hijo, no poner sobre él juicios ni mirarlo como si fuera la causa de tu desesperación.

EL AMOR ES UNA CURSILERÍA QUE NO AYUDARÁ A MI HIJO.

 



Si como adulto piensas que las malas palabras endurecerán a tu hijo para la vida adulta, le estas robando su infancia.

Si este es tu caso, entonces debes empezar por ti, porque el falto de amor eres tú

Los niños no necesitan dureza, sino seguridad y ternura para construirse como adultos fuertes que entonces sí podrán enfrentarse a la dureza de la vida.

La dureza en la vida viene sola sin buscarla. Tendrá oportunidades para afrontar pérdidas y agresiones sin que tú tengas que entrenarle. Tú papel es enseñarle que pese a todo, puede seguir confiando en la vida.

Si tú eres fuente de dureza, no tendrá ningún refugio al que acudir cuando la vida le dé un revés. No podrá confiar en ti.

 

¿SE PUEDE REPARAR EL DAÑO DE LAS PALABRAS CRUELES?


Sí, curan y sanan si a partir de ahora miras a tu hijo a los ojos y buscas en tu corazón palabras que lo llenen de amor.

Si le has reñido injustamente y te sientes culpable ¿has probado a decirle "hijo, lo siento mucho"? Ponte a su altura y díselo honestamente, esto le da seguridad. Le enseñarás que a veces uno se equivoca y se comporta mal y puede pedir disculpas.

El daño se puede reparar con paciencia, tú eres el adulto que lo acompaña, la mayor responsabilidad con los hijos la tenemos nosotros, no es una carga.

Responsabilidad significa "habilidad para responder", y eso es lo que hacemos constantemente con los hijos. Respondemos a sus acciones, cómo lo hagamos, será la forma en que les construyamos. 



Ten paciencia, ¡pero la de verdad!, no la que expresamos con disgusto en la cara en plan "niño estoy cansada ya", eso no es paciencia, es un chantaje que crea sentimiento de culpa a tu hijo, por no saber cómo complacerte.

Paciencia y ternura que llegan desde el corazón, comprendiendo que el niño no tiene suficientes recursos para expresar de otro modo lo que siente al mundo.

LOS NIÑOS TAMBIÉN SON RESILIENTES


Sí, muchísimo. Te sorprendería saber que hay estudios que dicen que el 80% de niños que vivieron una tragedia han llegado a la edad adulta con la posiblidad de construirse un futuro.

Estos estudios muestran que es la relación con las personas lo que hace que se pueda superar la adversidad.

La resiliencia no es una característica aislada del ser humano, sino que nace de la relación amorosa, respeutosa, solidaria y con buen trato de los demás.

Si estás en una situación de difícil entendimiento con tu hijo o hija, prueba a ver qué pasa si en vez de agredir, respetas. Si en vez de juzgar, escuchas. Si en vez de despreciar, acoges.

Si te ha gustado, comparte en redes sociales. Déjame un comentario, me alegrará muchísimo. 

Un abrazo afectuoso.


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22.2.16

La felicidad no es como la pintan

 

 

¿Qué es la felicidad?


Es una emoción, eso está claro. También es un constructo social y mucho marketing. Sólo hace falta encender la tele cinco minutos y ahí está el dichoso anuncio de Kinder Bueno donde salen los padres superrubios y superperfectos con un hijísimo que se supera.

¡Pues no!, eso no es la felicidad para el resto de los mortales.

En la RAE (Real Academia Española) dice:

1. f. Estado de grata satisfacción espiritual y física.

2. f. Persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz. Mi familia es mi felicidad.

3. f. Ausencia de inconvenientes o tropiezos. Viajar con felicidad.


Lo del anuncio de Kinder Bueno se me antoja una caricatura de la felicidad. Los psicólogos y no psicólogos han escrito mucho sobre felicidad, -¡mira, yo también lo hago!- ¿para qué? Pues mi granito de arena es para darme un poco de sosiego.

La palabra felicidad está tan mal usada que casi me chirría usarla, porque si le dices a alguien "soy feliz" te imagina más o menos así:






No es eso, ¿verdad?


¿Con qué tiene que ver la felicidad?



Para mí tiene más que ver con la tranquilidad y la seguridad. Con no vivir con miedo generalizado. Tiene que ver con la confianza básica en la vida.

También con estar conectados con nosotros mismos, a saber qué emociones nos están ocurriendo en ese preciso instante y en expresarlas.

Tiene que ver con no traicionarnos al seguir haciendo cosas que no nos gustan. Al menos, intentar ponernos en el camino hacia aquello que sí nos gusta.

¿Y cómo consigo la felicidad? 


¡Ay! no hay recetas porque la felicidad no se consigue, sino que se siente.

Y lo que yo te cuente que yo hago, puede que no te sirva a ti. O sí.


  • Conecta contigo mismo. ¡¿Qué es eso de desconectar?! Todo el mundo quiere desconectar. ¡Pues no! Explora cómo eres.
  • Contacta con tus necesidades reales. Pasa de lo que "debes" o "tienes" que hacer. Dí "quiero" en su lugar. Si ves que va contigo, entonces, hazlo.
  • Escúchate. ¿Cuántas veces te dices que estás cansado y cansado pero sigues haciendo cosas como el conejito de Duracell? ¡No me contestes!. 
  • Pregúntate ¿qué estoy haciendo? ¿para qué? y obsérvate. No te juzgues.
  • Para la lavadora que tienes en la cabeza. Esos pensamientos te van a volver loco. ¿Notas el aire que entra y sale de la nariz al respirar? Si lo notas, dejas de pensar. 
  • Tienes un cuerpo, ¿lo has notado? Acaríciate, que te acaricien, baila y saborea un té. 
  • Mira a los ojos del otro. 
  • Ten confianza, aunque cueste trabajo, y aunque alguien te traicione, hay decenas de personas que no lo hacen. 
  • Date permiso para equivocarte. Si alguien se equivoca lo disculpamos, pero si nos equivocamos nosotros, nos machacamos. ¡Pues es injusto!
  • Haz algún plan. No dejes la vida pasar con la misma rutina cada día, cada semana... 
  • Define y acepta tus fortalezas. Seguro que tus debilidades las conoces todas y las repasas todos los días, ¡no vaya a ser que se te olvide alguna!, pero ¿te has parado a pensar cómo has llegado a estar vivo? No exagero. Valóralo seriamente. 
  • Pide un masajito. Si tu cuerpo se ha convertido en una cáscara de nuez, masajitos a demanda. 
  • Si algo no sale como lo habías planeado, después del legítimo cabreo, mira a ver si es que no podía ser o has forzado la situación. Aprovecha para hacer otra cosa.

Espero que te sirva de algo lo que has leído, y que a partir de ahora, cuando veas un anuncio de la tele donde todos están muy happyflower, lo mires con escepticismo y apagues la tele y te des un buen bailoteo con tu canción favorita. ¿Hace cuánto que no has bailado?



16.2.16

Autolesiones en niños y adolescentes



Nos cuesta sostener el dolor propio y ajeno. 


No minimices los problemas. Eso crea un abismo en la psique del otro. Quizá tu hijo o hija te venga con un problema al que tú le quitas importancia, una "tontería"... ¿cuántas veces le decimos eso a nuestros niños?

Hasta que lo interiorizan, y ellos mismos terminan no respetando sus emociones. Aprenden a quitarse importancia.

La infancia y la adolescencia es una etapa preciosa si los adultos tenemos herramientas para apoyarles y ayudarles a explorar. Sin embargo, cuando sus emociones no son reconocidas, se llena de oscuridad.

En una sociedad a la que le cuesta horrores sostener el dolor, lo que le enseñamos a los niños es: el dolor no importa, no lo queremos ver

Los chicos terminan sufriendo, desvalorizándose, sintiéndose un estorbo, no merecedores de la existencia... y al final, se autolesionan. Pueden hacerlo con clips, con horquillas, puntas de compás o punzones...

¿Qué es una autolesión? 


Unos arañazos en el muslo o en los brazos. Son signos graves. Son autolesiones.

No pienses que "se le pasará" o que "sólo lo ha hecho una vez". No pienses que "lo hace para llamar la atención" como si no la merecieran.  

Una autolesión es un grito desesperado de ayuda. 




Sólo vengo a decirte que observes la relación de tu hijo con el dolor. Hay adolescentes que llevan una máscara sonriente puesta, bloquean las lágrimas y siguen adelante como si nada estuviese pasando. Pero sí pasa.

¿Qué hago si mi hijo se autolesiona?


Dá permiso para llorar, para gritarle a un cojín o patalear en la cama. Dá permiso para expresar la rabia de una injusticia... dá permiso para sacar fuera todo ese dolor porque si no, puede quebrarle la vida. 

Como progenitor, no puedes salvarle del dolor en la vida, pero puedes acompañarle estando presente. Busca ayuda. Una autolesión es grave.

¿Has tenido esta experiencia con tus hijos? ¿Has necesitado ayuda? ¿Has podido resolverlo de la manera más beneficiosa posible? Comparte dejando un comentario. Gracias.



14.2.16

¿Cómo ser auténtico?

Una máscara bella, pero una máscara.


Nacemos auténticos pero nos modelan con la educación.


Desde que nacemos hasta la edad aproximada de los siete años hacemos muchas cosas por primera vez. Si con ello hemos conseguido atención, cuidados, ser vistos... ser amados, "tomamos nota" para repetirlo, adquiriendo patrones conductuales y emocionales.


Estos primeros aprendizajes y sus emociones asociadas se arraigan en nuestra psique de tal manera que se endurecen, se hacen rígidos y nos hacen cometer errores en nuestra adultez si los seguimos usando como esquema. 


Para darnos cuenta de estas rigideces hace falta una alta dosis de conciencia. Si nos sentimos incómodos con nuestra vida, puede llegar a ser insostenible; es buen momento para ponerse en manos de un terapeuta que nos guíe hacia nuestra autenticidad.

Así llegamos a tener un "libro de instrucciones" de la vida.


Es insostenible seguir con el libro de instrucciones de la infancia cuando somos adultos.



Evaluar esos sistemas y patrones y ver con qué nos quedamos y con qué no, lleva su tiempo, no nos engañemos. Si con 30 años te das cuenta de que algo no va bien, no se puede pretender que en dos meses te des la vuelta como un calcetín.

Pongo de ejemplo a alguien que viva en la exigencia. A mí me ha pasado. Puede que percibiera en su infancia que siendo exigente consigo mismo consiguiera la mirada de los adultos, pero eso ahora le hace gastar mucha energía y le deja exhausto, y lo peor de todo, con la sensación de que nunca está satisfecho consigo mismo.

Podemos indagar cómo ocurrió, pero no hay que quedarse ahí, sino ver qué ocurre si bajamos el nivel de exigencia, experimentando haciendo algo diferente.

Pon la exigencia a tu servicio, como para un proyecto muy importante... pero sé más flexible en el resto de áreas de la vida. Si somos exigentes con nosotros mismos para el trabajo, por ejemplo, es una tortura serlo también para el vestir, para el comer, para ocio, para una tarea de la casa...

Busca la autenticidad experimentando y explorando tus límites.


Si eres exigente date permiso para hacer un churro, así te lo digo. ¡¡No va a pasar nada!! Date permiso para equivocarte, para salirte de la raya, y así está bien. 

Imagina que tienes junto a ti una niña de 4 o 5 años que te enseña un trabajo que ha hecho con mucha ilusión, y ahora tú empiezas a ponerle pegas y pegas y pegas... ¿qué crees que pasará? Sí, tú no eres una niña, pero sí eres imperfecta. Eres un adulto imperfecto, y por tanto, haces cosas imperfectas, y no pasa nada. No te van a querer menos por eso.

Saber que soy imperfecta me libera porque quita un peso de encima. Haz lo que puedas, de la mejor manera que puedas, pero sin la exigencia de la perfección.

La autenticidad es poder decidir tu vida acorde a tu necesidad real, no basándote en la expectativa de los demás, ni en lo que has interiorizado sin cuestionarlo al menos.  

Autenticidad es expresar tus emociones y sentimientos, sin miedo a lo que pueda pasar; no digo que se haga desde la grosería ni la agresión, sino con la libertad de poder permitirte expresar el miedo, el enfado o el amor sin miedo a lo que pueda pensar el otro, porque es plena especulación.

Sí te digo que leerlo así tal cual, pueden sonar palabras vacías, pero después de años de terapia y  formación con grupos de terapia, te diré que son los dos lugares más seguros para hacerlo, para aprender y después trasladarlo al día a día.

Autenticidad y resiliencia. 


A mí me ha ayudado a expresar mi dolor. A veces la sociedad nos dice "venga, venga, no pasa nada, tira para adelante, nadie quiere verte llorar" pero el dolor es insoportable y hay gente que traga saliva y no expresa su dolor, ponen una máscara rídiga con una sonrisa.

Estas personas que no expresan se quedan tiesas, como dentro de una armadura. ¿Y sabéis qué? No pasa nada por expresar el dolor, gritar y llorar de emoción con una canción, por ejemplo. No se cayó el mundo ni yo morí por eso cuando lo hice. Todo lo contrario, pude continuar ligera.

Expresar las emociones nos ayuda en nuestro proceso de resiliencia, de superación de la adversidad, a la acomodación de una situación nueva.

Busca la autenticidad y serás más libre.




9.2.16

¿Se puede vivir con la injusticia?



Aborrezco la injustica, me perturbo profundamente cuando desde los medios me llegan casos de injusticia, ya sea social, de derechos humanos y de derechos de los animales.

Es injusto que alguien pueda sesgar la vida de alguien, es injusto que uno pueda decidir cómo otro va a vivir, imagínate cualquier situación de las que salen en la televisión, radio, redes sociales... 

Cuando hablo de injusticia sé bien de lo que hablo. Es lo primero que sentí cuando Alicia casi muere en mis manos. ¿Por qué a mí? ¿Por qué a mí? Lloraba todas las noches en mi cama, todas, con tanta rabia que me dolía la garganta. A veces con mi niña en brazos, en la soledad de las madrugadas...

Y en esos momento te encomiendas a cualquier cosa, es el momento de más vulnerabilidad. No hay dioses, no hay magia, no hay nada más que la fuerza de voluntad para levantarse de la cama al día siguiente y luchar contra las secuelas de un trastorno que sabes que son incurables.

La injusticia. 


Todos sufrimos la injusticia a todos los niveles y creo que una de las lecciones más grandes que me ha dado la vida es que se puede vivir con la injusticia. ¿Es resignación? No, para mí es un momento de reflexión.

Para que haya una injusticia debe haber una mano segadora. Cuando es la mano del ser humano, es trementamente dolorosa, porque se nos atribuye inteligencia, compasión, amor... pero no siempre es así.

¿Y qué podemos hacer contra la injusticia?


La respuesta más visceral es la rabia, la náusea, la venganza... a veces ni nos enteramos de esto está ocurriendo en nosotros, lo llevamos dentro.

No hay una linea, no hay un antes y un después. Un día dices "ya está, es lo que ha pasado" y a los cinco minutos quieres matar a alguien. Y es normal. Poco a poco el fuego va dando paso a una especie de comprensión del mundo.

Un día ves en las noticias una cosa injustia, y toca con tu injusticia, y te preguntas ¿qué hago? Nada, no puedes hacer nada contra las injusticias.

No tienes la responsabilidad del mundo sobre tus hombros. 

Puedes ejercer influencia en tu entorno más cercano y eso será suficiente. Con perseverancia puedes ampliar tu círculo, y si consigues que más gente te escuche, entonces podrás llegar a más gente, pero no con ello tienes garantía de cambiar los muebles en su cabeza.

Creo que por eso abrí el blog de Alicia, creo que por eso abrí este blog. Si me leen diez personas puede que remueva algo en una o dos. Siembro una semilla para ser más conscientes en la vida.

Sólo enseñando a ser conscientes de para qué estamos en el mundo, qué decisiones tomamos y cómo afecta a los demás, podemos amortiguar el daño que podemos causar.




Quizá si alguien se pone en el lugar del otro puede ser más amable, quizá si alguien mira a los ojos del ser vivo que tiene cerca, puede contactar de corazón a corazón, y entonces habrá una oportunidad para la ternura y la compasión (acompañar en la emoción).

No podemos acabar con las injusticias, pero podemos trabajar para ser más amorosos, e irremediablemente haremos un mundo más justo. ¿Te apuntas?



8.2.16

La polémica está servida

 

Acepta el descrédito y sé honesto. 


Es inevitable, cuando abrimos un blog nos exponemos al descrédito. Una de las cosas que aprendí también en mi formación en terapia gestalt es que a los psicólogos nos puede ocurrir tener miedo a esto. Lo primero que nos dicen es: asúmelo, habrá alguien a quien no le gustes, así que sé tú mismo. Se puede aplicar el mundo bloguer.

En la red continuamente estamos lanzando opiniones, y cada uno tiene la suya. Es como el culo, sí señor. Cada uno tenemos uno de una manera y una forma.

Estos días vi cómo se hacía polémica por una entrada de un padre al que sigo en redes, Criandofrikis. En seguida el resto de tuiteros empezaron que sí, que no, que caiga un chaparrón y pude ver el malestar en sus tuits por el aluvión que le cayó encima.

Yo no voy a hablar de esta polémica concreta, sino de lo que hacemos cuando caemos en ella. Qué es lo que pasa y qué es lo que nos hace sentir agredidos. ¿Qué pasa si alguien tiene una opinión contraria a la nuestra? ¿Qué hacemos?


Diferencias entre el debate y la polémica. 


Un debate debería ser un encuentro donde dos o más personas exponen sus puntos de vista con argumentos. No necesariamente se trata de convencer al otro. Si yo defiendo A, el otro defiende B y cada uno explica por qué lo defiende.

La polémica es cuando ya entra el juicio.

¿Qué es el juicio? Es una agresión que pretende invalidar al otro y ponernos por encima. Ante el juicio, lo que haremos será defendernos, cerrarnos y extremarnos más. 

¿Puedo dejar de emitir juicios?


Creo que no se puede, en mi opinión. El ser humano tiene esa parte ruin, canalla, que no podemos evitar ni esconder, y quien lo hace paga un precio emocional bastante alto; así que mejor ser honestos y aceptarlo. Lo que sí nos hará un favor es ser consciente de lo que estamos haciendo y sobre todo, ¿para qué?

¿Qué queremos conseguir emitiendo un juicio contra alguien?

¿Puedo hacer que otro cambie de opinión?


Pues depende, el marketing consiste en esto, pero intuyo que a menos que intenten cambiar los sentimientos del Betis o el Sevilla, es muy fácil que me convenzan de comprar la colonia A en vez de la B.

Sin embargo, en creencias más profundas, es difícil a menos que estés dispuesto a ello. Te voy a dar un ejemplo:

Hace 6 años cuando leía a alguien que dudaba de las vacunas les sacaba las estadísticas y con eso me quedaba contenta. A mí nadie me iba a convencer de lo contrario porque las vacunas son necesarias y tal. 

Cuando mi hija tuvo una parada cardio respiratoria, los médicos me dijeron que no sabían el motivo, que "a veces pasa" y que tuve mala suerte. A los varios días de estar ingresada mi hija, una enfermera se me acercó y como si de una papelina se tratara, me dio el prospecto de la vacuna de la hepatitis B. 

"Infórmate bien, no es al primer niño que le pasa, pero a la tuya le ha dado más fuerte". En ese momento, como comprenderéis, con el shock no hice mucho con esa información. Pero al día siguiente le pregunté a la pediatra que atendía a mi hija si la vacuna podría haberle afectado. Ya me había leído el prospecto y la verdad es que era inquietante: alteraciones respiratorias, convulsiones...

La pediatra me respondió con una mentira: "las vacunas NUNCA tienen efectos secundarios". Y claro, yo que no me quedo conforme, y desconfío del nunca, siempre, nada... pues me puse a investigar.

Finalmente di con un documento de la Asociación de Pediatría Española donde describían el síncope o desvanecimiento que le había dado a mi hija y precisamente causados por la vacuna de la hepatitis B, entre otras.

No me tuve que ir a las páginas antivacunas.

Mi hija había pasado a engrosar ese pequeño número de las estadísticas que yo siempre había desestimado en mis discursitos anteriores.

Creo que sólo quien tiene disposición de cambiar de opinión, lo hará. 

Una madre que tiene sus hijos sanos, con las vacunas al día, que alguien le vaya con la cantinera de "ojo con las vacunas" le trae al pairo y seguramente me llamará loca.

Por eso, creo que para evitar las polémicas, es mejor quedarse en el debate, y saber que hay un límite a la hora de convencer al otro antes de terminar en crispación.

Os he puesto el ejemplo de las vacunas, que es muy polémico, pero he aprendido que sólo quien quiere cambiar de opinión lo hará.

Reconocer un error implica confianza en uno mismo.


También hace falta mucha confianza en uno mismo para reconocer que a lo mejor se está en un error y aceptarlo.

Es un desgaste emocional enorme y de energía intentar convencer al otro. A veces, debemos aceptar un no por respuesta. Y no pasa nada.

Os dejo este poema de Fritz Perls. Si leeis cada renglón con detenimiento, veréis lo revelador que es, al menos, para mí lo fue.


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