Hoy voy a hablar del maltrato. Sé que voy a levantar algunas susceptibilidades, pero en esto hay que ser claro. Sin tabúes.
Esta semana he leído varios tuits donde se mencionaba que "un cachete no es maltrato".
Siento decirlo, pero sí lo es.
Otra cosa es que si yo le pego un cachete a mi hija, me sienta culpable y para aliviar la disonancia cognitiva quiera normalizarlo.
Un cachete es maltrato porque es una agresión física.
Todos en mayor o menor medida hemos sufrido maltrato. Bien de nuestros padres, hermanos, profesores y compañeros de clase.
Hace 25 años en la escuela el profesor te tiraba de las orejas.
Hace 25 años las madres te daban con la zapatilla.
Hace 25 años los hermanos se pegaban. Hoy también pasa.
Hace 25 años los compañeros te esperaban a la salida para pegarte. Hoy también.
Tenemos tan normalizado el maltrato que ocurre en los hogares, con la violencia doméstica y la violencia de género.
Ocurre en las escuelas con el bullying.
Ocurre en los trabajos con el mobing.
Ocurre en los hospitales con la violencia obstétrica.
No voy a hacer distinción entre maltrato físico y psicológico. Ambos duelen. Hacen daño a la persona que lo sufre, y también a quien lo ejerce.
Lo más doloroso de esto es reconocernos como maltratadores.
Desde dar un cachete hasta humillar nos alinea con el papel de maltratador/a.
Es esto lo que tenemos que trabajar, no entrar en el discurso de que "un cachete al año no hace daño" , o que "una burla no es para tanto" .
Esto es normalizar la violencia física y verbal. Es algo que no quiero para mí.
No me preocupa cuando alguien admite que le ha dado un cachete a su hijo, lo hace desde la conciencia de que eso no es beneficioso para nadie.
Me preocupa quien dice que él nunca ha maltratado, porque no está viendo todo su ser completo, está renegando la parte oscura y por tanto vive en la inconsciencia.
No tendrá oportunidad de crecer.
El maltrato es inaceptable. Cuando ejercemos el maltrato sobre alguien estamos haciendo algo inaceptable. Lo doloroso es admitir esto. Lo inaceptable es normalizar la violencia por no tener la valentía de admitir que a veces ejercemos violencia.
Rompamos la espiral de violencia reeducándonos. Es la oportunidad que nos dan nuestros hijos.
Y es lo mejor que podemos hacer por ellos.
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