Hazte con el libro

18.9.19

LA DELICADA RELACIÓN CON TU MADRE



Son muchas las mujeres que llegan a mi consulta con distintos problemas y que en una primera entrevista, cuando indago sobre la relación que tienen con su madre me cuentan que no es para nada saludable.

Algunas mujeres recuerdan de su infancia cómo sus madres les pegaban palizas porque se habían manchado un vestido o les tiraban del pelo por llevarles la contraria. Esto es una violencia física que rompe el alma de cualquier niña y niño.

Otras mujeres me relatan que sus madres las han despreciado a la hora de tomar decisiones importantes, haciéndolas sentir unas tontas, o las han humillado por su forma de vestir o personas con las que salían. Este es un tipo de violencia emocional que crea una gran inseguridad en esas niñas que crecen y se van convirtiendo en adultas "estropeadas", como alguna se define.

El asunto de todo esto es que la persona que nos maltrata no es ni más ni menos que nuestra madre, la persona que nos ha parido y de la que cualquier bebé e infante espera sus cuidados y su amor.

Así que esa niña,

8.8.19

El arrepentimiento de las madres



Falta a la verdad la madre que en algún momento no ha tenido un pensamiento fugaz de arrepentimiento. Bien sea porque estaba desbordada o porque ha sentido miedo u otra emoción incómoda.

En las consultas con madres es bastante frecuente tratar este sentimiento, pero hay que hacer una mención especial a las madres a las que este sentimiento está bien arraigado y es recurrente a lo largo del día, semanas, meses y años.

¿Qué hacemos con estas madres?


Normalmente la sociedad espera que cambien de opinión, minimizan sus sentimientos, las fiscaliza… pero no las toma en serio.

Todo el mundo se ha arrepentido alguna vez en su vida de algo. Puede ser de haber comenzado una relación, de haber escogido unos estudios concretos que después no te gustaron, de haber aceptado un trabajo que no querías, de haberte comprado una vivienda o un coche que después no cumplió con tus expectativas. En cualquier caso, parece que todas estas situaciones son reversibles en mayor o menor medida y por tanto el arrepentimiento se puede disipar.

El arrepentimiento es un sentimiento común y humano, pero está vetado para las madres.

Pero ser madre es irreversible. Incluso si

29.7.17

A mi amiga que no quiere ser madre



Cariño, hoy he notado esa presión. El "¿y tú para cuando?" retumba una y otra vez en tu cabeza.

Yo también viví esa etapa y era perturbador.

Yo tenía miedo. No sabía muy bien a qué, pero lo tenía. Mi deseo estuvo claro cuando tuve contacto con bebés de otras amigas. Y llegó Alicia, y la negligencia que se llevó su vida, y la de mi familia.

No quiero ser tu ejemplo. No quiero convencerte de nada. Solo de una cosa. La decisión es tuya.

Veo cómo te defiendes diciendo que tu vida es perfecta, y la frase siguiente es que quieres ser madre, pero que tienes miedo. Que nadie te juzgue por esto. No es fácil.

Si es miedo, déjate sentir cómo sería tu maternidad. No la que viviste como hija, ni la que ves en tus amigas.

Imagina cómo sería tu bebé, a donde te podría acompañar, qué le dirías sobre ti y tu mundo, cómo le enseñarías a volar...

Tienes la oportunidad de transitar otro camino. La maternidad es acompañar a crecer.

Seguro que le has dado mil vueltas. Además quieres complacer a tu madre, tu amiga, tu pareja... Pero no estás segura. Te sabe todo a renuncia.

A cambio de vida radical. A que se te remuevan cosas muy adentro. A tener una criatura que depende de ti. A crianza, lactancia... A dejar de hacer las cosas que te gustan.

Y tienes razón. Se dejan cosas por hacer provisionalmente para hacer otras. Y se hacen cosas que de otro modo no podrías hacer.

Y se asumen riesgos, y cambios... Y yo no soy imparcial. Soy madre de dos.
Pero amiga, yo te respeto. Entiendo tu postura. Solo que me gustaría tener un mando para acallar las voces y que te dejen descansar. Que no abran la caja de tus truenos. Que no tengas que poner excusas, si es que lo son.

Estás en todo tu derecho a elegir no ser madre. Al fin y al cabo decidas lo que decidas, hay renuncia. No es mejor ni peor.

Y estará bien. 

20.7.17

Cuando el bebé nace con discapacidad



Afrontar la maternidad cuando tu bebé tiene discapacidad



Soy madre de una niña con parálisis cerebral grave. Hace tres años tuve una bebé sana, pero sufrió una muerte súbita durante el “piel con piel” con unas desastrosas consecuencias para ella y para mi familia. Fue un gran impacto vivir la pérdida permanente de salud de un hijo.

La elaboración del duelo por la pérdida de la salud


El duelo. La pérdida de salud también produce dolor. Un sentimiento de injusticia, tristeza y rabia se apodera de ti. Es muy necesario buscar un espacio para elaborarlo y expresarlo. Yo lo describo como un tren. Al principio casi siempre se detiene en esas tres paradas: Tristeza, Rabia e Injusticia. Poco a poco el recorrido el más largo y también lo hará en la Tranquilidad, Alegría, Humor, Esperanza…

A día de hoy, mi tren particular recorre el circuito completo, y a veces sigue deteníendose en las del principio, pero menos tiempo. Las etapas del duelo -shock, negación, depresión, aceptación y aprendizaje- no son ordenadas.

La lucha por la recuperación de la salud de nuestros hijos


La lucha. Cuando tu hijo tiene una discapacidad, al día a día, tienes que sumarle a tu duelo particular la lucha por mejorar su salud. Esto significa que tienes que volcarte en sus cuidados todo el tiempo. En nuestro sistema patriarcal, el cuidado recae casi siempre en las mujeres, pero no podemos olvidar que la familia completa está en el mismo barco.

Hay que pedir ayuda, delegar y buscar un tiempo para una misma. Es por esto que insistí antes en la importancia de buscar un espacio para el duelo. El día a día puede que no te deje soltar ni una lágrima, pero eso pasa factura.

Cuando crees que ya no hay futuro


La incertidumbre. Se hace muy presente cuando tienes un hijo con discapacidad. En realidad, no es que haya más incertidumbre, sino que cuando tenemos una vida “tranquila”, nuestra percepción es que nada va a cambiar, por tanto, tenemos la creencia de que nuestra vida es segura.

Vivir con la incertidumbre te da una perspectiva de la vida muy diferente, se cambia el orden de las prioridades de la vida y lo que antes era importante, deja de serlo para realmente abrazar lo que sí es: el momento presente, es el único momento donde no hay incertidumbre.

RESILIENCIA.


Es la capacidad de superar la adversidad y salir reforzados de ella.

Significa apostar por la vida, aunque hayamos tenido una experiencia traumática. Nadie sale de la vida indemne, no hablo sólo de la propia muerte. Aprendemos a vivir superando obstáculos.

Para que una persona que ha sufrido un trauma pueda seguir viviendo orientada al bien común necesita tres cosas de su entorno: amor, solidaridad y respeto a su proceso.

Mi propósito después de lo ocurrido es poder contar a otras personas que se puede seguir viviendo con plenitud a pesar de la adversidad, eso sí, dejando entrar el dolor, porque forma parte de la vida. Sabiendo que está ahí pero no lo es todo.

La resiliencia no elimina el dolor, sino que te enseña a vivir con él y transformarlo en una fuerza de vida.

Nuestra sociedad hedonista ve con malos ojos el dolor, pero es parte de la vida, como la alegría.

Para finalizar, sólo quiero hacer una última reflexión. Las mujeres que elegimos ser madres somos dadoras de vida, con cada embarazo y parto corremos un riesgo para traer al mundo un nuevo ser independiente y libre. Para que tú estés en el mundo han hecho falta miles de uniones, miles de mujeres con partos a término, años, siglos atrás que te han dado un lugar en el mundo. Por eso la maternidad consciente es sagrada, creo que no debemos olvidarlo para honrar a los que no nacieron o perdieron la salud en el proceso.

Este artículo formó parte del primer número de la revista Teteando que elaboramos desde el Taller de Lactancia Niños de Carmen.


Si eres madre, padre o cuidador de un niño con discapacidad o enfermedad grave, a partir de octubre de 2017 facilitaré un grupo de apoyo emocional que puede serte muy útil. Te dejo más información en esta web. WWW.INSTITUTOMAGNOLIA.ORG


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23.5.16

¿Para qué tienes hijos?

 

¿Qué es un hijo? ¿Para qué viene al mundo? 


Son dos preguntas, que si las aclaras, te facilitará la crianza. Los progenitores solemos enredar mucho las cosas.

¿Para qué tienes un hijo?


Pues hay gente que tiene los hijos porque toca. Además lo hacen en riguroso orden establecido. Otros lo hacen por presiones familiares. "¿Cuándo me vas a hacer abuela/o?". Hay otros que lo hacen con la fantasía de tener hijos con profesiones importantes, desde deportistas de élite hasta científicos. Hay otras personas que tienen hijos para que los cuiden cuando sean mayores...

Pues todas esta gente al final, se verán angustiados porque "sus hijos no son lo que esperaban" y el conflicto familiar está servido. Esto se acentúa en la adolescencia y tiene consecuencias vitales en la adultez como ansiedad, sensación de fracaso, duda existencial...

Un hijo no viene para cumplir sus expectativas. 


En el momento en que el bebé se está gestando, tiene su propio camino en la vida. Si nos empeñamos a que tenga un destino concreto, podemos estar seguros de que hay una alta probabilidad de ser infelices, ellos y nosotros.

Si tú sueñas con que tu hijo sea médico o abogado, futbolista o tenista... el sueño es tuyo, no de tu hijo. Si piensas que podrás inculcarle las ideas, claro que te hará caso, por lealtad, pero estará viviendo una vida hipotecada.

Un hijo no es una parte de ti. 


No es tuyo. No pretendas con esta posesión indicarle sus pasos, a dónde tiene que ir ni qué hacer. No es tu posesión ni un miembro de tu cuerpo.

Algunas mamás tenemos esta fantasía. Pero eso dificulta la crianza, puesto que entorpece que podamos apoyarles en su exploración de la vida hacia la independencia. De eso se trata, siempre respetando sus tiempos.

El bebé nace dependiente y progresivamente lo ayudamos a ser independiente. No pretendas que con 8 años sea un adulto en miniatura.

Un hijo no viene para calcar tus pasos. 


Nosotros tenemos una creencia concreta de cómo tiene que ser la educación y a qué nos debemos dedicar. Básicamente la angustia de los progenitores viene cuando el niño no va bien en el cole y lo relacionamos directamente con su futuro.

Mi postura con esto, y no estoy sola, ¡menos mal! -escritores como Borja Vilaseca y las escuelas humanistas tienen esta idea- es que la "educación" actual está obsoleta. Es más bien adoctrinamiento para seguir con un estilo económico y social obsoleto basado en la producción.

El futuro es la creatividad y el conocimiento. Por eso, no cortes la creatividad de tu hijo por muy absurda que te parezca.

Si tiene un talento, enseñale a amarlo, a potenciarlo y cultivarlo. La gratificación económica llegará cuando lo haga con el corazón. 

Te lo digo por experiencia propia. Con ocho años mis padres; siempre haciendo lo mejor para mí, bajo su criterio y con la información que tenían, llenaban mis tardes con actividades: clases en el conservatorio de solfeo, piano, canto coral; clases de inglés, clases de mecanografía...

Aunque no había muchos deberes, ellos lo compensaban para que tuviera muchas cualidades. Al final, mi creatividad se fue oxidando hasta que decidí entregarme a ella y recuperarla.

¿Me he equivocado? ¿qué hago?


Si te llegas a replantear esta dinámica en alguna medida, siempre se puede optar por otro camino. Sin culpas ni desesperación. Tú eres el progenitor perfecto para tu hijo o hija. Haces lo que puedes con las herramientas que tienes.

Conviértete en observador sin juicio. 

Mira a tu hijo, observa lo que le gusta hacer, con qué disfruta y en qué pone su energía. Confía en él, tu hijo sabe lo que quiere porque a las edades tempranas la intuición es natural.

Acompáñalo en sus proyectos orientados a la vida, aunque a ti te parezcan una locura. Deja que se equivoque, no para reprochárselo con un "te lo dije" sino para ver cuales son sus fortalezas y sus debilidades, y cómo podría convertirlas en fortalezas si así lo desea. Déjalo que cierre capítulos aunque sea sin terminar, como muestra de que la vida no es un camino recto, sino que está lleno de recovecos y que es precisamente eso lo que es la vida.

Mira a tu hijo como una persona libre que ha venido al mundo a servir al bien común, no a ti ni al clan familiar. 

Quizá muchas de estas ideas te perturben, pero si te aportan algo nuevo, me quedo satisfecha, y si ya me dejas un comentario, estaré muy contenta.

Muchas gracias por leerme.


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20.1.16

El milagro de la vida



Mientras mi hija duerme, miro su carita. Sus pestañas acompañan tranquilas la caída de sus párpados. Sus mofletes, rojillos, evocan la frescura de su vida, como si fueran manzanas rojas recién cogidas.

Su respiración es lenta, como el ritmo de la mas bella de las baladas de amor. Ese amor verdadero entre una madre y una hija. Duerme apacible, con la confianza de que es amada y cuidada. Me pregunto ¿Cómo puede existir un bebé tan hermoso? ¿cómo puede la vida habernos traído hasta aquí? Sin que hayan faltado dificultades, más bien han sobrado, pero aquí estamos. Una tarde cualquiera de este invierno tan loco, por su temperatura, echadas sobre la colchoneta de juegos mientras tu duermes apaciblemente.

Es un milagro hija, que tú, que yo, que todos, estemos aquí. Quizá haya amargados -sin acritud- que no lo reconozcan porque no dan valor a la vida. Sólo cuando has estado a punto de perderla, sólo entonces, te das cuenta de lo que vale. 

Eres un milagro dos veces. Primero por tu concepción, porque para que tú existas, han tenido que ocurrir millones de uniones de todos nuestros antepasados. Sí, somos una cadena de vidas y milagros. Eres un milagro porque estuviste a punto de morir en mis brazos. La magia del vínculo materno nos salvó. Te salvó a ti, y a mí, a toda la familia.

Respetemos la vida, porque mientras haya vida hay esperanza. ¿Y si se respetara realmente la vida? ¿Y si nos diéramos cuenta de que un embarazo, un parto y una vida es un proceso sagrado? Quizá fuera más difícil así hacer guerras, quizá fuera así más difícil atentar contra la vida de las personas. Las madres hacemos verdaderos esfuerzos en crear vida, y después unos locos se dedican a segarlas por ideales, por dinero o recursos.

Las madres somos las primeras que debemos educar para la paz, esa paz, hija, que ahora mismo te inunda mientras duermes, tranquila, sabiendo que pese a la adversidad encontrarás un regazo que te acoja, un beso estampado en tu frente, unas manos que te cosquillen la espalda y te hagan reír a carcajadas, esas, que suenan de esa forma tan peculiar que tú y yo sabemos, esas que tu parálisis no ha podido borrar de tu cara ni acallar el gorgoteo de tu garganta.

Tú eres el milagro de mi vida. 

Fdo: #UnaMamaResiliente



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