Mientras mi hija duerme, miro su carita. Sus pestañas acompañan tranquilas la caída de sus párpados. Sus mofletes, rojillos, evocan la frescura de su vida, como si fueran manzanas rojas recién cogidas.
Su respiración es lenta, como el ritmo de la mas bella de las baladas de amor. Ese amor verdadero entre una madre y una hija. Duerme apacible, con la confianza de que es amada y cuidada. Me pregunto ¿Cómo puede existir un bebé tan hermoso? ¿cómo puede la vida habernos traído hasta aquí? Sin que hayan faltado dificultades, más bien han sobrado, pero aquí estamos. Una tarde cualquiera de este invierno tan loco, por su temperatura, echadas sobre la colchoneta de juegos mientras tu duermes apaciblemente.
Es un milagro hija, que tú, que yo, que todos, estemos aquí. Quizá haya amargados -sin acritud- que no lo reconozcan porque no dan valor a la vida. Sólo cuando has estado a punto de perderla, sólo entonces, te das cuenta de lo que vale.
Eres un milagro dos veces. Primero por tu concepción, porque para que tú existas, han tenido que ocurrir millones de uniones de todos nuestros antepasados. Sí, somos una cadena de vidas y milagros. Eres un milagro porque estuviste a punto de morir en mis brazos. La magia del vínculo materno nos salvó. Te salvó a ti, y a mí, a toda la familia.
Respetemos la vida, porque mientras haya vida hay esperanza. ¿Y si se respetara realmente la vida? ¿Y si nos diéramos cuenta de que un embarazo, un parto y una vida es un proceso sagrado? Quizá fuera más difícil así hacer guerras, quizá fuera así más difícil atentar contra la vida de las personas. Las madres hacemos verdaderos esfuerzos en crear vida, y después unos locos se dedican a segarlas por ideales, por dinero o recursos.
Las madres somos las primeras que debemos educar para la paz, esa paz, hija, que ahora mismo te inunda mientras duermes, tranquila, sabiendo que pese a la adversidad encontrarás un regazo que te acoja, un beso estampado en tu frente, unas manos que te cosquillen la espalda y te hagan reír a carcajadas, esas, que suenan de esa forma tan peculiar que tú y yo sabemos, esas que tu parálisis no ha podido borrar de tu cara ni acallar el gorgoteo de tu garganta.
Tú eres el milagro de mi vida.
Fdo: #UnaMamaResiliente
